Hannah Strasser (SKY Harbor): “La ASG construye resiliencia. Y eso es protección frente al riesgo de impago”

Sky Harbor Hannah Strasser, Hannah Strasser (SKY Harbor): “La ASG construye resiliencia. Y eso es protección frente al riesgo de impago”
Hannah Strasser. Foto cedida (SKY Harbor)

La inversión sostenible ha florecido gracias a los fondos de renta variable temática, pero ya se dejaba sentir mucho antes en la renta fija. “El concepto de sostenibilidad ha sido clave para el high yield desde su nacimiento en los años 80”, afirma Hannah Strasser. Lo sabe bien la co-fundadora de SKY Harbor quien prácticamente vió florecer al high yield como clase de activos. Con casi 40 años de experiencia profesional, es indudablemente una eminencia en la renta fija. Junto con Anne Yobage y Tom Kelleher, cofundadores de la boutique americana, fueron los artífices de consolidar el equipo de high yield estadounidense de AXA Investment Managers con fondos como el mítico AXA IM FIIS US Short Duration High Yield.

La ASG para SKY Harbor

Ese enfoque por la inversión sostenible en high yield estadounidense se mantiene como la columna vertebral de SKY Harbor. Representada en España por BrightGate Capital, cuenta con un fondo con el Sello FundsPeople 2021 por su calificación de Consistente: el Global Sustainable High Yield Fund.

En opinión de Strasser, sostenibilidad y high yield son dos conceptos que necesariamente tienen que ir de la mano. “El mercado del high yield siempre ha estado marcado por compañías en transición”, afirma. Ya sean industrias que se quedan obsoletas o se convierten en problemas de responsabilidad, como el tabaco o el carbón. También hay historias de transición que son casos de éxito. Amazon comenzó con un bono high yield cuando aún era un pequeño vendedor de libros. “El high yield es un mercado de capitales que ha financiado y dejado de financiar negocios en constante disrupción. Discriminar por sostenibilidad no es algo nuevo”, defiende la experta. Precisamente aplicar esa lente ASG permite ver la verdadera evolución del modelo de negocio de una compañía. “Nos ayuda a ver con qué están alineados; dónde están sus debilidades”, cuenta.

El gran cambio es que ahora la transparencia es mayor y las compañías están más abiertas a dialogar. Es decir, ahora hay un mayor acceso a datos. El año pasado el 20% de las compañías que emiten en el mercado de high yield hablaron de sus objetivos ligados al desarrollo sostenible, cuenta la experta.

¿Qué hacer con el sector energético?

¿Pueden ir de la mano entonces el high yield y la ASG? No es una pregunta en vano ya que en el high yield estadounidense el sector de la energía representa una parte relevante del índice. Y esta apreciación cobra especial relevancia este año, cuando precisamente la energía está teniendo un ejercicio muy bueno.

Todas las estrategias de SKY Harbor tienen una exclusión estricta de los combustibles fósiles. Eso les aleja prácticamente por completo del sector energético. Pero no preocupa al equipo de Strasser. “Para suplir esa exposición, estamos apostando por sub-industrias proxy expuestos a los factores subyacentes que explican las subidas”, afirman. Por ejemplo, están sobreponderados en fabricantes de químicos, como el metanol, donde ven oportunidad para la compresión de diferenciales, o en el sector de bienes de capital.

Lo que tienen claro es que los criterios ASG son una línea roja para entrar en su cartera. Y el nivel de exigencia no hace más que aumentar. “A día de hoy una compañía no puede no tener un mínimo objetivo de sostenibilidad”, sentencia Strasser. “Porque la sostenibilidad está influyendo en el comportamiento del consumidor. Y una compañía se lo puede tomar como un obstáculo o como una oportunidad”.

Para el inversor también es un valor añadido. Especialmente en el high yield. “La ASG construye resiliencia. Y es una capa adicional que nos protege del riesgo de impago. Es otro nivel de protección”, explica.

Un momento complejo para los bancos centrales

Esa es la gran tendencia a largo plazo para el high yield. La imagen más a medio plazo, sin embargo, está más nublada. En opinión de Strasser, los riesgos se irán acumulando en la segunda mitad de 2022. En ese punto se juntan tres obstáculos en Estados Unidos: la ralentización económica, las subidas de tipos y las elecciones al Congreso y Senado. Por ahora, los indicadores de confianza empresarial apuntan a que seguirá creciendo la inversión en capex. Y en cuanto al consumidor, hay una especie de hartazgo entre la población estadounidense con la política. “El día que el Congreso aprobó un histórico gasto en infraestructura la noticia más buscada en Google fue el escándalo que saltó por un jugador de fútbol americano no vacunado”, cuenta la experta.

¿Cuánto durará la política fuera del foco y preocupación de inversores? Eso estará por ver. Lo tiene más claro es que coloca a la política monetaria en una posición compleja. “Tradicionalmente la Fed nunca ha subido los tipos antes de unas elecciones”, resalta Strasser. Eso implicaría que el escenario base con el que trabajan actualmente es el de una única subida de tipos en EE.UU. justo después del final del tapering. Y luego una pausa.