En febrero, la inflación china volvió a situarse por debajo del objetivo del 4%, un nivel con el que Pekín se siente cómodo. Desde 1995, el país ha sufrido una menor presión inflacionista, con una volatilidad menor, si bien desde 2003 los costes laborales han mantenido una tendencia al alza. “Con una inflación que se mueve en la horquilla entre el 3% y el 4%, China puede permitirse posponer la apreciación de su divisa frente al dólar”, aseguran desde Axa Investment Managers. De hecho, a juicio de la gestora, “la curva de avance del yuan frente al billete verde se ha aplanado por primera vez desde 2002”.
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