La relación de Finlandia con su vecino ruso siempre ha sido complicada, pero sobre todo pragmática. El país nórdico, el segundo después de Ucrania en cuanto a países europeos que comparten la frontera más larga con Rusia, ha estado reevaluando políticamente su posición tras los acontecimientos del mes pasado, aunque ha bajado la tensión en torno al impacto de las sanciones impuestas en el comercio y la energía.
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