Después de experimentar un rápido crecimiento económico a lo largo de los últimos dos años que sirvió para atraer la atención de los inversores internacionales y despertar la envidia de otros países emergentes , Turquía tiene ahora que cargar con una alta inflación y un abultado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de cerca del 10% del PIB. En este sentido, “una política monetaria ambigua no ha ayudado a reducir las presiones inflacionistas ni a controlar la rápida expansión del crédito”, asegura Axa Investment Managers.
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