Resulta evidente que, por muchos motivos, 2011 ha sido un año para olvidar en Japón. El mayor terremoto de su historia fue seguido de un tsunami que, a su vez, provocó una crisis nuclear sin precedentes en el país. A esto hay que añadirle una serie de catástrofes naturales en otros países que también afectaron a su economía y que contribuyó al mal comportamiento registrado por la Bolsa nipona y al debilitamiento del precio de las acciones bancarias, sector que pese a estar cotizando con descuento desde 2006, se comportó igual de mal que el resto del mercado.
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