¿Cuáles son los sesgos de los que pecan los gestores?

Foto cedida por Afi

TRIBUNA de David Cano, socio de Afi

Como gestor de carteras me nutro de diferentes fuentes para tomar decisiones de inversión y desinversión. Contamos con una amplia lista de analistas y gestoras que difunden sus opiniones y recomendaciones. De hecho, ahora el problema es que existe un elevado (¿excesivo?) número de ellas. La explosión de las redes sociales no ha hecho más que acrecentar el exceso de oferta que nos obliga a filtrar y seleccionar.

Yo tiendo a seguir y a leer a ciertos analistas y gestores. Aquellos que son más rigurosos, que han estado más acertados, que mejor explican su posicionamiento … ¿seguro que ese es el criterio de selección? ¿Acaso no sigo más a aquellos que opinan como yo?, ¿seguro que no presto más atención a los que recomiendan una posición larga o corta con la que estoy de acuerdo? Sí, lo reconozco, caigo en el sesgo de confirmación (Confirmation bias) según el cual, tendemos a hacer más caso a quien opina como nosotros. Este es uno de los sesgos más comunes entre los gestores.

Pero no solo. También caemos en el sesgo de compromiso (Commitment bias): nuestro deseo de ser (y aparentar) ser consistente con lo que alguna vez hemos hecho o dicho. Como dice Munger “lo que piensas puede cambiar lo que haces, pero quizás aún más importante, lo que haces cambiará lo que piensas”. Es decir, que si he insistido mucho y durante mucho tiempo en que hay que estar largos en expectativas de inflación (porque, además, he leído varios informes que lo avalan) y corto en value (casualmente no presté atención a las conferencias en las que se argumentaba de forma muy sensata la idoneidad de comprar) será mucho más difícil que modifique mi opinión y mi posición.

Unos de los cambios más notables en la gestión de fondos en los últimos años ha sido el incremento de la transparencia. Los gestores no solo no ocultan sus posiciones, sino todo lo contrario, las exhiben y las justifican. Para mí, esto es muy positivo pero, ¿acaso no provoca que, precisamente por el sesgo de compromiso, seamos menos activos a la hora de modificar posiciones y/o reconocer los errores? Por ello, para evitar este sesgo son necesarios, todavía más, los stop loss.

Confieso que como gestor también caigo en el efecto disposición (Disposition effect). Ya en 1985 Shefrin y Statman señalaron que «a las personas les disgusta incurrir en pérdidas mucho más de lo que disfrutan de las ganancias. En consecuencia, mantendrán acciones que hayan perdido valor y estarán ansiosos por vender acciones que hayan aumentado en valor». Se entiende por qué decimos que Momentum (uno de los componentes del Factor Investing) es una de las mejores vías para evitar caer en este sesgo.

Y también sufro el sesgo de disponibilidad (Availability bias) según el cual, lo conocido lo percibimos como menos arriesgado, pero solo por sernos más conocido. El mayor grado de familiaridad de las empresas que cotizan en la bolsa del país, así como la mayor divulgación en los medios de comunicación que más sigues, generan un sesgo doméstico en la construcción de carteras. La mejor medicina para evitarlo están siendo las Megatendencias ya que, en la práctica, su incorporación está derivando en unas carteras de renta variable con una mayor exposición hacia EEUU y mercados de países emergentes (en especial, Asia).

Una última mención a los factores supuestamente irrelevantes de Thaler. Esos que descartamos porque caemos en la ceguera inducida por teoría que señala Kahneman. Desde una teórica superioridad intelectual rechazamos, erróneamente, elementos muy básicos, pero con poder explicativo en la evolución de los precios de los activos, como, por ejemplo, el efecto calendario. No siempre nuestro cerebro es el mejor aliado para la inversión en activos cotizados, menos aún, en entornos de alta volatilidad. Reconocerlo es el primer paso. Tomar medidas para tratar de evitar caer en los sesgos, el segundo.