Diversificación y emociones en el proceso de inversión: 2020, caso práctico

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Imagen cedida

TRIBUNA de Giorgio Semenzato, CEO y cofundador de Finizens.

Este 2020 que se va acabando nos ha dejado dos hitos en los mercados que quedan a la altura de otros acontecimientos históricos, como el suelo del mercado de marzo de 2009 o el lunes negro de 1987. Hablamos obviamente del vertiginoso mercado bajista vivido en marzo, una de las caídas más rápidas y profundas de la historia, y posteriormente del fuerte rebote registrado en noviembre, que ha terminado como el mejor mes de la historia del Ibex 35, nada menos.

Lo destacado de ambos eventos es que, a diferencia de crashes anteriores, el detonante no ha sido de tipo económico, sino provocado por la pandemia de COVID-19. Además, es necesario destacar que, a diferencia de los años negros para la industria española que siguieron a la crisis de 2008, no hemos visto en esta ocasión unos reembolsos tan fuertes en fondos de inversión, lo que nos lleva a pensar que hoy los inversores están más educados en las finanzas, al menos lo suficiente como para intentar no dejarse llevar por el pánico y darle al botón de venta. Resulta especialmente meritorio en un año en el que ciertamente hemos vivido situaciones muy complicadas, tanto en los mercados como obviamente en el plano social.

Aun así, hay elementos de mejora. La corrección de marzo pilló a numerosos gestores activos con el pie cambiado, causando pérdidas cuantiosas de las que muchos todavía están luchando por recuperarse. De la misma manera, el rebote de noviembre llegó por sorpresa, y también fueron muchos los que no cogieron la ola a tiempo, con su consecuente impacto sobre la performance de la inversión.

Resulta cuanto menos irónico que la industria de gestión de activos lleve años haciendo pedagogía a los inversores sobre la necesidad de controlar sus emociones para no cometer errores como comprar caro y vender barato o, como diría Warren Buffett, ser temeroso cuando los demás son codiciosos y viceversa, y que después al comprobar los rendimientos veamos – también parafraseando a Buffett – quién ha quedado en evidencia cuando ha bajado la marea.

Vemos 2020 como un excelente caso práctico de dos lecciones que sí debemos insistir en plantear a los inversores: orientarse siempre a largo plazo y permanecer invertidos en momentos de estrés, y la importancia de contar con una cartera bien diversificada por activos y sectores económicos. La inversión pasiva es una herramienta eficaz para la primera lección; aquellos que sean sistemáticos y que mantengan un horizonte de inversión en el largo plazo estarán mejor preparados para afrontar los reveses del mercado y beneficiarse de la generación de interés compuesto. Si algo nos demuestras los datos empíricos de mercado, es que, con simplemente indexarse, es decir replicar lo que haga el mercado a través de un instrumento de gestión pasiva, los inversores tienen la oportunidad de recuperarse de las caídas de una manera más sólida además de lograr rentabilidades más elevadas a la larga, y con costes significativamente más bajos.

Además, pensamos que un buen asset allocation va a ser fundamental de cara al futuro, ya que el éxito de la primera campaña de vacunación contra el COVID previsiblemente tendrá un impacto importante en los mercados, determinando entre otros qué empresas y sectores pueden quedar como ganadores o perdedores.

En principio, estos hechos obligan a los gestores a poner bajo el microscopio innumerables activos distintos para tratar de arrojar un correcto análisis en un contexto de alta incertidumbre, con todos los riesgos que esta tarea conlleva. Bajo nuestro punto de vista existe un camino más efectivo y al alcance de todos para llegar a una correcta diversificación: indexarse al mundo. ¿Por qué centrarse en una cesta limitada de valores o bonos, cuando gracias a los fondos indexados hoy un inversor minorista puede obtener una exposición muy amplia a toda clase de activos de todas las geografías a un precio muy módico y con tan solo unos pocos clicks?

La diversificación bien entendida nos permite reducir el riesgo de la inversión, sin tener que renunciar a la rentabilidad a cambio. Combinada con la paciencia, da a los inversores una poderosa herramienta para hacer crecer su patrimonio con el paso del tiempo, con independencia del ciclo de mercado que nos podamos encontrar.

No sabemos qué nos puede deparar el año que viene, pero 2020 nos ha dejado una gran y valiosa lección: nuestra resiliencia es nuestro mayor capital humano e inversor. Queremos desearos a todos felices fiestas, y brindaremos por un 2021 bien diversificado.