Desde hace casi 40 años, las autoridades de la mayoría de los países industrializados han adoptado políticas fiscales basándose en principios keynesianos, es decir, en periodos de contracción de la economía, han optado por aumentar el gasto público. No obstante, durante todos estos años, las autoridades han obviado la otra cara de las recomendaciones de Keynes: en momentos de crecimiento económico, se debe priorizar el rigor fiscal y el superávit presupuestario.
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