Hay una forma sencilla de evaluar la sostenibilidad de la deuda pública: comparar el crecimiento nominal de una economía contra el rendimiento de su bono a diez años, como proxy. Si el primero supera al segundo, parece que las cuentas cuadran; si ocurre lo contrario, entonces aparece el problema. Pero esa sencilla comparación confunde el precio de la deuda nueva con el coste del stock existente.
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