Historia siempre fue mi asignatura favorita en el colegio. Y, aunque nunca fue mi favorito, siempre llamó mi atención ese periodo de la historia de España en el que fuimos un Imperio donde no se ponía el sol y, sobre todo, su caída. Siempre que toqué esta etapa, me preguntaba cómo se sentirían nuestros predecesores viendo cómo uno de los centros mundiales de poder pasaba a ser simplemente una nación más, un peón utilizado por el resto de potencias mundiales, por las malas decisiones de unos gobernantes decadentes.
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