“Solo hay una oportunidad para causar una buena primera impresión” y efectivamente así es, pero con ciertos matices. Es cierto que a la hora de trabajar con una entidad o asesor es principal la primera toma de contacto ya que los primeros minutos de una reunión suelen ser vitales. Pero en una relación cliente – asesor, el largo plazo es capital y es aquí donde la reputación prevalece por encima de la primera impresión. Debido a los diferentes acontecimientos financieros vividos en los últimos diez años, el cliente ha aumentado su formación e información acerca de los productos y las entidades. Ahora, mira con lupa la reputación del banco y por qué no, la del asesor. Se fija en los depositarios de sus fondos, en las comisiones de los mismos e incluso se descarga los factsheets para seguirlos. Por ello, decide con qué banco desea trabajar y es capaz de dilucidar si el servicio de asesoramiento prestado encaja con sus necesidades o no. Elección que hasta hace bien poco, se solucionaba por la proximidad con la oficina.
La buena reputación

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