Todos los países periféricos sufren una situación muy similar: una carga de deuda totalmente insostenible y una divisa demasiado fuerte para sus economías, lo que impide cualquier mejora de la competitividad y el crecimiento. Por eso ya se ha intervenido a Grecia y a Portugal pero los resultados siguen siendo muy mediocres, porque no se han atacado las raíces del problema sino que sólo se ha alargado la agonía. Es totalmente imposible liberarse de estas ataduras sin poder devaluar su propia moneda.
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