Las bolsas europeas se tambalearon en mayo debido a la inquietud de los inversores ante la posibilidad de que las elecciones europeas trajeran consigo a un puñado de incómodos euroescépticos; pero en realidad, estos comicios reforzaron la posición de los reformistas en países clave como Italia. Gracia a ello, los rendimientos de la deuda de Europa meridional reanudaron su tendencia bajista y el clima de optimismo se vio aún más alentado por la decisión del BCE de luchar contra la deflación mediante una nueva reducción de los costes de endeudamiento para los bancos, al tiempo que facilitaba nuevos fondos para préstamos.
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