Una vez, un joven analista tuvo la oportunidad de sentarse con Marvin Schwartz, un viejo zorro de la gestión, referencia por aquel entonces en la joya de la corona de (R.I.P.) Lehman Brothers: Neuberger Berman, una casa de gestión patrimonial de ricos del Upper East Side de Nueva York. El analista preguntó por qué un tío tan importante estaba perdiendo el tiempo con sesiones maratonianas de inversores retail y respondiendo a preguntas tan absurdas como la que le estaba haciendo. Marvin sonrió y sus ojos se iluminaron: “Me hace sentir vivo; me encanta hablar con los inversores de mis fondos”.
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