Posiblemente fue una de las lecciones que más pronto aprendí cuando empecé en esto de los fondos. Una lección dada por un tipo nada sospechoso, mayor de lo que dice ser, delgado de puro nervio y calculadamente extrovertido. La lección realmente no me la dio directamente sino que la compartió sin querer mientras aleccionaba a uno de sus perros de presa, a uno de sus comerciales. Estábamos en un foro pequeño unos cuantos analistas sacando chispas a uno de los fondos supuestamente estrella, un fondo estrellado que se olvidó de aquello de generar rentabilidad en un entorno de volatilidad controlada (no vale reírse, esa es otra lección: tal cosa no existe).
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