Los gestores de activos no pueden contentarse con observar las empresas únicamente a través del prisma de sus datos financieros. Éstos permiten esbozar la imagen de lo ocurrido, pero en ningún caso identificar los puntos de ruptura, cada vez más frecuentes con las nuevas tecnologías y la globalización. Un ejemplo elocuente es el de Nokia, líder ultradominante en telefonía móvil a principios de los años 2000, actualmente relegado al puesto de agente menor, al no haber tenido éxito en su transición hacia los smartphones.
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