Sostenibilidad y metales: dos casos prácticos Aluminio y Cobre

Daniel Mayor noticia
Firma: Cedida (Portocolom)

TRIBUNA escrita por Daniel Mayor, analista de inversiones de Portocolom

Mientras se debate sobre si la inflación es transitoria o duradera, muchos inversores buscan alternativas para cubrirse ante los efectos adversos de la misma; Bonos ligados a la inflación, activos reales (inmobiliario o infraestructuras) o materias primas, son algunas de las opciones. Desde Portocolom y bajo el ángulo de la sostenibilidad, queremos compartir esta aproximación al aluminio y el cobre que puede ayudar.

Aluminio

El aluminio no se encuentra en estado puro en la naturaleza por lo que necesita ser procesado. Se obtiene, principalmente, de la de bauxita, roca sedimentaria con un contenido de aluminio relativamente alto (entre el 85 y 95% de la bauxita extraída por la minería se usa en la producción de aluminio). Muy a menudo se le clasifica, junto con el estaño y el plomo, como “metales pobres”, por ser extremadamente maleable. En cuanto a su producción, es China quien acapara casi el 50%, seguida a gran distancia por Rusia, Canadá y la India.

El consumo total de aluminio primario en 2020 fue de 65 millones de toneladas y adicionalmente su reutilizaron aproximadamente 25 millones de toneladas de aluminio procedente del reciclaje. Las asociaciones internacionales de productores de aluminio como el Instituto Internacional de Aluminio prevén que la demanda mundial alcance 300 millones toneladas por año en 2050 desde los 90 millones de toneladas actuales, lo que representa una tasa de crecimiento anual del 3,9%, superior a las previsiones de crecimiento para el PIB mundial, lo que da muestras de lo extendido que está su uso.

El aluminio se utiliza en multitud de industrias como automoción, embalaje, construcción, transporte, energía, aeroespacial y relacionados con la electricidad, entre otras. Tiene numerosos usos gracias a su fortaleza, ligereza, maleabilidad y resistencia a la oxidación

El mayor inconveniente de producir aluminio a partir de chatarra es la elevada cantidad de energía eléctrica requerida, con independencia de utilizar fuentes renovables o procedente de combustibles fósiles. El uso del aluminio en energías eólica y solar incrementará su demanda en las próximas décadas ya que la extrusión de aluminio se utiliza en los marcos y estructuras de los paneles solares. Según el Foro Económico Mundial, el mundo añadirá 70.000 paneles solares cada hora en los próximos cinco años. Ahí sí podría estar justificado la inversión en aluminio al ser más eficiente y maleable que el acero, el problema radica en que el 95% de los módulos solares se basan en un material primario, el polisilicio, del que el 45% se fabrica en la región China de Uigur, afectada por el trabajo forzoso y represión de minorías. Conocer la procedencia del aluminio ayudaría a la hora de discriminar por compañías.

A nivel de sostenibilidad, la adición de piezas de aluminio en el diseño ayuda a reducir el peso, lo que se traduce en una mayor velocidad y rendimiento y una reducción de las emisiones, pero para poder compensar el uso del aluminio en lugar del acero es necesario que aumente la parte de aluminio reciclado en la fabricación. En el caso de la automoción, a medida que se extienda la electrificación y la movilidad compartida será una opción cada vez más atractiva, aunque sería oportuno que las compañías certifiquen toda la cadena de suministro.

A medida que más inversores acudan a la inversión ESG y buscan oportunidades en sectores como las energías renovables o ecológicas para ayudar a frenar el cambio climático, es probable que no sepan que pueden estar contribuyendo indirectamente a las emisiones de carbono peligrosas y a la vulneración de derecho humanos.

Cobre

El uso del cobre se remonta a los orígenes de la civilización hace unos 10.000 años, cuando en algún lugar del mundo el ser humano dejó de depender de las herramientas de piedra y comenzó a usar un metal disponible en la naturaleza, manipulable, dúctil y con una resistencia hasta entonces desconocida. En la actualidad tiene multiples aplicaciones como, por ejemplo en eléctrónica, transporte, telecomunicaciones, etc.

El cobre es uno de los pocos metales que pueden encontrarse naturalmente para su utilización, es decir, sin necesidad de combinar con otros elementos. Es el metal no precioso más eficiente como conductor del calor y la electricidad, cualidades que lo sitúan como el tercer metal más consumido sólo por detrás del hierro y el aluminio.

En 2020 el consumo mundial de cobre alcanzó los 25 millones de toneladas al año y debería alcanzar los 29,8 millones de toneladas en 2027. Según el International Copper Study Group o ICSG, más del 30% del consumo de cobre proviene del reciclaje y es que se puede reciclar al 100% sin pérdida de rendimiento.

No existe un sustitutivo del cobre, lo que hace difícil comparar su eficiencia en relación con otros minerales, pero podemos afirmar que, en términos generales, la utilización de más cobre ahorra energía y reduce las emisiones de CO2 porque mejora la eficiencia operativa de todas las formas de energías renovables, como las turbinas eólicas, paneles fotovoltaicos, generación de energía mediante las mareas etc. Como ya hemos mencionado se trata del mejor conductor de electricidad y calor después de la plata. Según el informe «Minerales para la Acción climática” del Banco Mundial se utilizarán en una amplia gama de tecnologías. Además, existe el cobre verde, cobre con huella de carbono neutral y trazable, que representa el 3% de la demanda actual, pero según Goldman Sachs será del 16% en 2030.

En conclusión, a nivel de sostenibilidad, por su capacidad para aplicarse a multitud de tecnologías, ser esencial en la construcción de energías renovables, además del hecho de que no existe un sustitutivo, hace que, el cobre, sea un mineral con un papel fundamental en el terreno de las energías renovables.