Casi el 80% de la riqueza neta en el mundo desarrollado se concentra en un grupo de gente en edades comprendidas por encima de los 50 años; personas que han vivido durante los 'rugientes setenta'. Para muchos, la memoria de ese periodo único, en el cual la inflación llegó a tasas de doble dígito, ha alimentado siempre el temor casi traumático de la pérdida de poder adquisitivo. En un mundo donde la difusión de cifras se ha convertido en una práctica común y donde los rendimientos reales en bonos soberanos están en negativo, este trauma está resurgiendo más fuerte que nunca. ¿Está justificado?
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