La escalada del conflicto en Oriente Medio ha vuelto a poner a prueba a los gestores de activos, obligándoles a redefinir tanto sus oportunidades tácticas como su forma de actuar en momentos de estrés. En un entorno marcado por la alta incertidumbre geopolítica, el repunte de la inflación y la sensibilidad de los mercados a cualquier titular, la clave no está solo en identificar dónde invertir, sino en cómo evitar errores cuando aumentan las emociones.
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