A los inversores les preocupa cada vez más los costes y el precio que están pagando por los fondos en los que invierten. En 2009 dos profesores de la Universidad de Yale, Martijn Cremers y Antti Petajisto, publicaron un estudio en el que intentaban determinar hasta qué punto los gestores que estaban cobrando una comisión por gestionar activamente el producto estaban haciendo una gestión de ese estilo o en realidad se limitaban a abrazar a un índice. Su argumentación apuntaba a que un gestor activo debería solaparse como máximo un 40% con su benckmark, lo que significa que para ser considerado como fondo activo debería presentar un active share mínimo del 60%. De lo contrario, estaríamos hablando de un ‘closer tracker’, es decir, de un producto que se vende como si fuera de gestión activa pero que, en realidad, no lo es.
¿Por qué el active share se ha convertido en una ratio tan importante a la hora de seleccionar gestores?

Rodaniel, Flickr, Creative Commons
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