Uno de los aspectos que sin duda han marcado el último año ha sido la irrupción de la volatilidad, empezando por el brusco repunte experimentado en la primavera de 2015 por la renta fija gubernamental europea, el desplome de la bolsa china vivido en agosto del año pasado y de nuevo a principios de 2016, o los vaivenes asociados a diversos factores como el desplome de los precios de las materias primas, el temor a una nueva recesión mundial, la incertidumbre sobre las próximas subidas de tipos de la Reserva Federal estadounidense o, más recientemente, el voto a favor de que el Reino Unido abandone la Unión Europea.
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