Cuando las cosas marchan con normalidad y el estrés cotidiano se mantiene en un nivel aceptable, puedes afirmar que eres ecuánime y estable, mantienes la serenidad y tratas de solucionar las situaciones, pequeñas crisis y posibles desavenencias de cada día sin que repercuta en tu salud mental y tu carácter. Hasta aquí todo muy bien.
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