China ha vivido un verano tumultuoso. Tras las correcciones bursátiles que se iniciaron en julio y continuaron en agosto, el gobierno decidió aplicar una inesperada devaluación del renminbi en un momento en el que el país registra un preocupante deterioro del crecimiento que ha arrastrado a la baja a otros mercados emergentes, sobre todo a aquellos cuyas economías dependían más de la exportación de las materias primas que demandaba el gigante asiático.
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