Desde que Joe Sullivan asumiera la presidencia de Legg Mason hace casi tres años, el cambio experimentado por la compañía ha sido radical. Entonces, la gestora americana estaba sin un rumbo claro y en franco retroceso. “Durante la crisis, atravesamos una etapa muy dura de pérdida de activos. Fue un momento muy difícil en la historia de la compañía que nos obligó a reaccionar y a actuar. Aquel momento nos brindó una oportunidad para mejorar. Tuvimos que elegir y apostamos por recomponer la gestora y tomar decisiones importantes. A medida que íbamos dando estos pasos, el negocio empezaba a mejorar. Cuando se produce un relevo en la cúpula es porque existe una verdadera voluntad de cambio. En nuestro caso, ha sido un catalizador”.
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