Más complejidad en los mercados, mayor presión regulatoria, incremento de los costes operativos y un cliente final más exigente están obligando a bancos privados y redes de asesoramiento a replantearse su arquitectura. “El negocio del wealth management se está volviendo más complejo en general”, resume Roy Smale, responsable de Global Wealth Management en EMEA de Wellington. Como bien detecta el directivo, el asset allocation se está sofisticando, el compliance es más exigente y la gestión del riesgo es más delicada. Todo ello está redefiniendo tanto el modelo de negocio de la banca privada como de su relación con las gestoras.
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