El inicio de 2026 no está marcado por una recesión inminente ni por un gran shock macroeconómico, sino por algo más complejo de gestionar: un crecimiento que se mantiene, pero con equilibrios cada vez más frágiles. La economía global sigue avanzando, la inflación ya no es el principal problema en muchas regiones y los bancos centrales empiezan a tener algo más de margen, pero este escenario relativamente benigno convive con una sensación creciente de vulnerabilidad. "Sin riesgos políticos, sería un momento bueno, no fabuloso, pero bueno", resume Paolo Zanghieri, economista sénior deGenerali Investments, que considera que el momento del ciclo no es negativo, pero sí exige ser más sensible a errores y shocks inesperados.
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