La introducción, el pasado mes de julio, de la Directiva de Gestores de Fondos de Inversión Alternativos, más conocida como AIFMD (por sus siglas en inglés), puso de manifiesto dos cuestiones. Por un lado, la falta de armonización a nivel europeo en cuanto a las funciones y responsabilidades de los depositarios –que adquieren una especial relevancia en la protección del patrimonio de los inversores– y, por otro, las discrepancias existentes entre los estándares regulatorios aplicables bajo AIFMD y UCITS IV (la directiva europea que regula la inversión minorista).
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