Una cosa es ser optimista y otra iluso. Y los inversores españoles caminan entre la delgada línea que separa a ambos. Múltiples gestores internacionales han sacado estudios que muestran la importante brecha entre la rentabilidad que espera un cliente y la que su asesor cree que puede lograr. Y en el caso de España es uno de los diferenciales más amplios de Europa. ¿Qué explica ese abismo? ¿O qué justifica otra serie de comportamientos irregulares en el mercado? Por ejemplo, por qué somos incapaces de captar las oportunidades tras una corrección o por qué algunos entran en el mercado justo en el pico.
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