Las infraestructuras conservan algunos de los argumentos más sólidos dentro de los mercados privados, pero la etiqueta ya no basta para garantizar una inversión atractiva. Un activo puede estar expuesto a la electrificación, la digitalización o la transición energética y, aun así, ofrecer una rentabilidad decepcionante si se adquiere a un precio excesivo, soporta demasiada deuda o depende de hipótesis de crecimiento difíciles de cumplir.
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