Los mercados privados han ganado peso en las carteras, pero su integración en una asignación estratégica de activos sigue planteando un reto clave: cómo medir correctamente su rentabilidad esperada, su volatilidad y su contribución real al conjunto de la cartera. A diferencia de los mercados cotizados, donde los precios se actualizan de forma diaria y permiten construir series históricas más comparables, los activos privados obligan a trabajar con hipótesis, metodologías y escenarios.
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