Factor investing vs. megatendencias: Inversión en ETF para todos los públicos

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Funds People

Value, momentum, tamaño, volatilidad, calidad y dividendos. Son las seis cualidades que los estudios empíricos han identificado como factores de rentabilidad en renta variable y que forman la base de la denominada inversión en factores o factor investing. A cualquier gestor le resultarán familiares. A los clientes, mucho menos.

Y es que, “la principal virtud del factor investing, que es la evidencia empírica de que funciona y funciona a largo plazo, es precisamente lo que lo aleja del cliente final porque se fundamenta en estudios econométricos demasiado complejos”, explica Iván Junquera, director de Selección de Fondos en Bankia Banca Privada durante el segundo de los desayunos sobre ETF organizados por Funds People y patrocinados por UBS ETF. “Si queremos ver flujos de entrada en estas estrategias, entre todos tendremos que hacer más sencillo el discurso”.

Guillermo Hermida, director de Inversiones en CaixaBank Asset Management se muestra más escéptico: “El factor investing está completamente alejado de lo que se vende de forma masiva dentro de la parte de clientes. No es algo que el cliente final entienda fácilmente. Hay muchas aproximaciones, muchas formas de definir los diferentes factores, la combinación de las ratios es extremadamente compleja y los estudios nos dicen que sí funciona, cuando estás invertido en esos factores a largo plazo… el famoso largo plazo que al final pocos inversores siguen. Así que el factor investing es una aproximación distinta a los mercados, orientada a clientes sofisticados, pero de ahí a pensar que a través de una filosofía de combinación de los distintos factores seamos capaces de generar un retorno adicional consistente y sostenible, hay mucho trecho”.

“Más allá de la rentabilidad, para mí el factor investing tiene mucho que ver con encontrar algún factor de riesgo que permita proteger las carteras cuando los mercados entran en periodos de contracción”, argumenta Pedro Coelho, director de UBS ETF para España y Portugal. “Creo que es muy fácil explicarle a un cliente que los valores de baja volatilidad pueden tener un comportamiento más defensivo en mercados bajistas, o que la propia fortaleza del dividendo puede defender las carteras que estén invertidas en renta variable. Y que luego puedes combinar estos factores aislados en otro tipo de estrategias”.

“Al final”, reflexiona Álvaro Galiñanes, director de Inversiones en Santander Private Banking Gestión, “es cuestión de que nuestros clientes se terminen acostumbrando a que hay otras aproximaciones a la inversión más allá de las tradicionales y que entiendan que, con los factores, podemos hacer lo mismo que los Masterchef: deconstruir platos para alcanzar el mismo resultado. Es inversión 2.0”.

La tendencia ahora son las megatendencias

En cualquier caso, “de momento hay muy pocos clientes que pregunten por la inversión por factores, no es algo que veamos de forma habitual”, reconoce Jaime Hoyos, director gerente en Sabadell Urquijo Gestión. “En nuestro caso, el cliente conoce más las megatendencias porque es algo más natural: tecnología, agua, sostenibilidad… son temas que el cliente conoce mejor que los factores”.

Y eso a pesar de que “definir qué es una megatendencia es complicado”. Para Hoyos, “tendríamos que preguntarnos qué tipo de industria tendrá recurrencia y continuidad de negocio a largo plazo de forma más o menos consistente, que no sea una moda pasajera. Por ejemplo, en un mundo donde cada vez hay más sequía, el tratamiento de aguas sería una megatendencia. Según la situación del mundo, son las tendencias que van a ser sostenibles en el tiempo y pueden ver un crecimiento sostenido de beneficios”.

“A nosotros lo que nos preocupa es precisamente encontrar temáticas en las que podamos invertir de manera consistente y líquida”, señala Guillermo Hermida. “Buscamos tendencias grandes que pueden desgranarse en microtendencias que nos permitan construir carteras relativamente compensadas a través de las distintas temáticas para obtener retornos con carteras de inversión razonablemente equilibradas en el binomio rentabilidad-riesgo”.

Álvaro Galiñanes considera que las megatendencias también tienen un componente de moda. “Imagino que, en los años 40 o 50, las megatendencias en Estados Unidos eran todo lo relacionado con el petróleo o el consumo. Quizás el consumo siga siéndolo en parte porque las economías emergentes le han tomado el relevo a los países desarrollados pero no creo que el petróleo vuelva a ser una megatendencia por el momento. Al final, hablamos de necesidades que la sociedad va cubriendo”. ¿Megatendencias actuales? El experto lo tiene claro: “Para mí la principal es la tecnología y todo lo que la rodea, puesto que todo va a pasar por un componente tecnológico. Es la nueva revolución industrial”.

Pedro Coelho ve en este concepto “otro ejemplo de que, en la industria de la gestión de activos, buscamos maneras distintas de abordar el mercado y seleccionar valores que se salgan de la norma de elegir por el tamaño, que es como habitualmente se configuran los índices generales. El análisis que hacemos para relacionar esos valores con las megatendencias es una forma de llegar al cliente final y contarle una historia que le resulte interesante y se ajuste a su necesidades”.

Para Iván Junquera, “los factores no son ideas de inversión a largo plazo, por lo menos no la inversión en un factor concreto, ya que tienen un componente cíclico muy fuerte. Las megatendencias sí son a largo plazo y el cliente suele ser algo más permisivo con las pérdidas en una megatendencia que en otro tipo de inversiones. Pero ojo con el perfil del cliente”, advierte. “Hay que valorar dos cosas: primero, la diversificación, ya que creo que es relativamente complicado tener una correcta diversificación solo con megatendencias. Y luego está el horizonte temporal, que puede no llevarse bien con una cartera cuyo core sea de megatendencias. Todo tiene sentido en su justa medida y para el cliente adecuado”, concluye.