Los últimos meses no han sido fáciles para Francia. El país entró oficialmente en recesión en el primer trimestre de 2013, tras registrar dos trimestres consecutivos de contracción económica. En mayo, el desempleo marcó su máximo de los últimos quince años en el 10,9%. Y para colmo, el mes pasado la agencia de calificación Fitch, participada por capital francés, siguió los pasos de Standard & Poor’s y Moody’s y le retiró la preciada triple A, signo de la máxima calidad de solvencia, por su elevado nivel de endeudamiento (se prevé que la ratio de deuda sobre PIB alcance el 96% en 2014) y las débiles proyecciones de crecimiento.
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