Sorpresa en Frankfurt. Al Consejo del Banco Central Europeo (BCE) no parece haberle temblado el pulso al decidir rebajar por unanimidad en un cuarto de punto los tipos de interés, hasta el mínimo histórico del 0,25%. El presidente de la autoridad monetaria lo tiene muy claro: “la eurozona podría vivir un prolongado periodo de baja inflación que vendría seguida de una subida gradual que situase la tasa en torno (aunque siempre por debajo) del 2%”, el objetivo fijado por la institución. Esto es lo que le habría dado el margen que necesitaba para aplicar esta medida. Es más: Mario Draghi adelantaba ayer que, en este entorno, “la política monetaria seguirá siendo acomodaticia durante un largo periodo de tiempo”.
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