La Fed sorprende con un tono más hawkish: primeras reacciones de las gestoras internacionales

Jerome Powell. Foto cedida (Federal Reserve)

Justo cuando el mercado parecía aceptar su permisividad con la inflación, la Fed sorprendía con un tono más hawkish (restrictivo) en la última reunión. La Reserva Federal ha hablado de una subida de tipos por primera vez desde el estallido de la pandemia. Y para sorpresa de muchos, podría producirse antes de lo esperado. Según el último gráfico de puntos, la primera subida de tipos llegaría en 2023. De hecho, ese dot plot de previsiones de la Fed refleja hasta dos subidas ese año. Hasta la anterior reunión no se esperaba ninguna hasta 2024.

Hacía tiempo que un banco central no mandaba un mensaje tan claro a los mercados y, sobre todo, distinto a lo que esperaba un consenso desacostumbrado a las sorpresas. “Esta vez es innegable, la Reserva Federal ha dado sus primeros pasos tentativos en un camino más agresivo”, sentencia Oliver Blackbourn, gestor del equipo de Multi-Activos en Janus Henderson. El cambio de mensaje es clave. “La referencia a la pasada ralentización del ritmo de la recuperación fue sustituida por un fuerte enfoque en el fortalecimiento de la economía”, desgrana Paolo Zanghieri, economista senior de Generali Insurance AM. Para varios expertos, ha sido una sorpresa restrictiva. «Estamos ante una Reserva Federal que parece positivamente sorprendida por la velocidad de las vacunas y la retirada de las medidas de distanciamiento social.  Es casi como si se dejara llevar por la euforia de la reapertura en curso de la economía», comenta Thomas Costerg, economista de Pictet WM.

Los bonos se mueven al alza

Y la noticia se dejó sentir de inmediato en los mercados, como resume Blackbourn. La curva de rendimiento del Tesoro americano respondió rápidamente, notablemente el vientre de la curva registró el mayor movimiento. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. a 5 años subieron alrededor del 0,10%, y el rendimiento de referencia a 10 años también se movió más alto. En contraste, los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 30 años cambiaron poco, ya que el pronóstico de la tasa de interés a largo plazo de la Fed se mantuvo igual en 2.5%. Y expertos como Nicolas Forest, responsable global de renta fija de Candriam, esperan ver movimientos similares en los bonos europeos.

También se notó el tono restrictivo en el dólar, que se fortaleció. Es el efecto que más perdura. Porque aunque el S&P 500 ha logrado recuperarse de la breve caída, las bolsas emergentes están acusando la moneda más fuerte y las tires más altas. En opinión de Mike Bell, estratega de mercados globales de J.P. Morgan AM, los rendimientos seguirán subiendo hasta finales de año. Por el contrario, un fuerte crecimiento económico acompañado de una política monetaria todavía relativamente acomodaticia proporcionará apoyo a los mercados de renta variable.

El debate: poner fecha al tapering

En la reunión de junio también se puso sobre la mesa la retirada de estímulos. Esto, cuando el mercado no se esperaba una conversación sobre el tapering hasta la cita de Jackson Hole en agosto. Trabajando hacia atrás desde el nuevo calendario proyectado de 2023 para la primera subida de tipos, Tiffany Wilding y Allison Boxer, economistas de EE.UU. de PIMCO, calculan que el FOMC podría anunciar la primera reducción de su programa de compra de bonos ya en septiembre. Otro expertos, como Anna Stupnytska, economista global de Fidelity International, defienden más bien que, aunque se empezase a hablar del tema, Jerome Powell será más bien cauto y comedido a la hora de reducir el estímulo monetario. En todo caso, Stupnytska coincide en que la credibilidad de la política sigue siendo el principal riesgo macro en el actual entorno favorable al riesgo.

Como bien apunta James McCann, economista jefe adjunto de Aberdeen Standard Investments, este cambio de postura choca un poco con las recientes afirmaciones de la Fed de que el reciente repunte de la inflación es temporal. «Curiosamente, los cambios más agresivos en las expectativas de la trayectoria de los tipos de interés de los participantes en el FOMC se produjeron a pesar de los escasos cambios en las previsiones de la tasa de desempleo y la inflación para 2023. Esto sugiere una menor tolerancia a un rebasamiento de la inflación de lo que se pensaba”, comentan Wilding y Boxer. Porque aunque Powell se mantenga firme en ver la inflación como transitoria, comienza a rebajar sus argumentos. De hecho, como resaltan desde Mirabaud Asset Management, Powell reconoció que ante la naturaleza de la inflación «tenemos que ser humildes», mientras que insistió en que no era el momento de sacar conclusiones sólidas»

Un movimiento sorprendentemente esperable

“Por supuesto, con una economía fuerte, la recuperación del mercado laboral y las presiones sobre los precios, aunque en gran medida transitorias, la inflación probablemente se asentará en un nivel superior al de la última década, y no debería ser un shock ver que las expectativas de los tipos se adelantan. En todo caso, esto debería ayudar a anclar las expectativas de inflación en torno al 2%”, defiende Seema Shah, estratega jefe de Principal Global Investors. “Han reconocido que esta fortaleza puede requerir una acción política antes de finales de 2023, como había sido su mensaje anterior”, entiende también David Norris, director de crédito EE.UU. de TwentyFour AM (boutique de Vontobel AM).  Además, resalta un detalle importante. Siete de los gobernadores de la Fed ven la necesidad de una subida de tipos en 2022. Esto supone un aumento de cuatro respecto a la reunión anterior. “Se trata de un paso importante para reconocer la fortaleza de la economía y la posible necesidad de adoptar medidas políticas”, interpreta.

Calmadas las aguas, empiezan a surgir cada vez más expertos que piden interpretar el cambio con la racionalidad que se merece. “En un horizonte tan lejano, no hay que exagerar el impacto de esta decisión. Powell subrayó que este cambio debe tomarse con un gran grano de arena”, sentencia Bruno Cavalier, economista jefe de Oddo BHF AM.

Y es que la Fed, si bien más en alerta, sigue defendiendo que la inflación actual es transitoria. Y revisó sus previsiones macroeconómicas para reflejarlo. La tasa de inflación basada en el indicador PCE había terminado el año 2020 en el 1,2%. Ahora se espera que aumente hasta el 3,4% a finales de 2021, con un pico en torno al 4% (la inflación del IPC ya está en el 5% interanual). Es un giro relevante frente al 2,2% que vaticinaban en marzo. “La inflación aumentará más de lo previsto a corto plazo, pero debería estabilizarse en el mismo nivel previsto en 2022-2023”, analiza Cavalier.

En este sentido, un dato clave para Axel Botte, estratega global de Ostrum AM (Natixis IM), es el hecho de que la Fed todavía está enfocada en permitir mejoras en el empleo más rápidas hacia el nivel que prevalecía antes de la pandemia, Pero Powell no se mostró seguro de si la participación en el mercado laboral volvería a los niveles anteriores a la crisis. Los desajustes entre la jubilación y la oferta y la demanda pueden impedir una recuperación completa de los puestos de trabajo. Recordemos que el empleo es uno de los mandatos de la Reserva Federal.

Otro, en cambio, ven a una Fed incluso más agresiva. Keith Wade, economista jefe de Schroders, cree que subirán los tipos a finales de 2022. «Nuestra opinión se basa en la fortaleza del crecimiento que probablemente veremos en el segundo y tercer trimestre de este año y en las perspectivas favorables que se mantienen. Esto significa que nos preocupa que la economía se dirija hacia una mayor inflación, incluso si el repunte actual resulta ser transitorio«, explica.