Durante años, las infraestructuras han sido percibidas por los inversores como un refugio defensivo capaz de ofrecer ingresos estables en cualquier entorno de mercado. Sin embargo, la transformación energética, el auge de la inteligencia artificial y la creciente necesidad de reforzar redes eléctricas, centros de datos y sistemas de transporte están cambiando esa narrativa. Para Shane Hurst, gestor del FTGF ClearBridge Infrastructure Value, fondo con Rating FundsPeople, el sector ya no debe entenderse únicamente como una fuente de estabilidad, sino como una de las grandes historias de crecimiento estructural de la próxima década.
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