La teoría de los mercados descubridores de precios aplicada a la crisis del COVID-19

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John Schnobrich, Unsplash

En un estudio científico publicado hace año y medio en FundsPeople por Marius Kleinheyer y Thomas Mayer, profesores del Instituto de Investigación Flossbach von Storch, se daba a conocer una nueva teoría académica que servía para explicar el comportamiento de los activos financieros: la hipótesis de los mercados descubridores de precios. De acuerdo con su trabajo, en el que se incluían casos prácticos de eventos ocurridos que respaldaban su teoría, los participantes del mercado se comunican entre sí en forma de narrativas para mejorar su comprensión de la información antes de actuar. Así, los precios de mercado estarían determinados por la interpretación subjetiva de los hechos que van sucediendo y las informaciones compartidas.

Para entender cómo las nuevas narrativas sustituyen a las existentes, se recurre a la teoría de las revoluciones científicas. Las narrativas ganadoras dan forma a los precios de mercado, hasta que su victoria es confirmada o revocada por los hechos, y reemplazadas por nuevas narrativas. Su hipótesis se fundamenta en que los participantes en el mercado disponen siempre de toda la información necesaria para acordar un precio de compensación de mercado, de modo que los precios solo cambian cuando reciben nueva información. O, dicho de otra forma, cuando una nueva narrativa comienza a reemplazar a la antigua.

Gestores de gran reputación corroboran su teoría. "En los mercados de valores, las narrativas, es decir, las historias que influyen en la percepción, están determinando cada vez más la dirección de los precios. La ventaja de una narrativa es que, de una multitud de factores influyentes, se centra en los que se consideran particularmente pertinentes para el rendimiento de una acción. Esto hace que la decisión de inversión sea mucho menos complicada", afirma Klaus Kaldemorgen, gestor del DWS. A su juicio, la desventaja de una narrativa es que después de un tiempo se convierte en un credo que ya no se cuestiona, puesto que la evolución de los precios es prueba suficiente de su coherencia.

En la era del COVID-19, se ha abierto una enorme brecha entre aquellas compañías que ya contaban con sólidas capacidades para el comercio electrónico internacional y aquellas incapaces de realizar su actividad online de manera ágil.

“Pese a que 2020 ha sido sin duda el año más difícil que he vivido en toda mi carrera profesional en el mundo de la inversión, también ha sido uno de los mejores años para las grandes multinacionales con modelos de negocio digitales eficientes, ya que, en muchos casos, su crecimiento se ha disparado durante la crisis. Es el caso de Amazon, Alphabet, Facebook y Netflix, pero también de compañías de pagos online, como PayPal, los proveedores de servicios de informática en la nube, como Microsoft, y los fabricantes de chips, como Taiwan Semiconductor”, indica Jody Jonsson, gestora de renta variable internacional de Capital Group.

Cambio de narrativa: revisión de la cartera

Pero las narrativas cambian. Y un buen ejemplo de cómo una sustituye a otra la podríamos estar viendo ahora mismo. "La narrativa positiva en el contexto de la pandemia de coronavirus consiste actualmente en atribuir un alto potencial de crecimiento a todo lo que es digital y ofrece formas de distanciarse de otras personas. La actual narrativa negativa es que las empresas petroleras son las mayores contaminadoras del planeta, y nadie quiere ensuciarse los dedos", señala Kaldemorgen. Con este telón de fondo, no es sorprendente que nueve de las 10 empresas más grandes del mundo se encuentren ahora en la era digital, mientras que muchas petroleras están cotizando por debajo de su valor de liquidación.

Sin embargo, toda esta narrativa que ha beneficiado a estas compañías podría cambiar de la noche a la mañana. El anuncio de Pfizer de que ya dispone de una vacuna contra el coronavirus con una efectividad del 90% disparó la cotización de aquellas compañías que se habían visto más castigadas en bolsa al contar con un negocio más ligado al contacto social y penalizó las de las empresas que se habían beneficiado de ese distanciamiento social al que fuerza la pandemia. “Si asumimos que la crisis del coronavirus terminará rápidamente con una vacuna, el retorno a la vieja normalidad en lugar de la continuación de la nueva normalidad sería entonces una narración que podría ser popular”, reconoce el gestor alemán.

Eso obliga a los inversores a hacerse algunas preguntas con respecto al posicionamiento de sus carteras. “El COVID-19 ha provocado una gran dispersión en los mercados. Sabemos quiénes han sido los ganadores y los perdedores. Todo lo relacionado con la tecnología y el comercio online se ha visto reforzado, mientras que los negocios más ligados al contacto social han sufrido. Tenga cuidado con mantener una cartera demasiado escorada hacia temáticas que han funcionado bien. La narrativa podría cambiar de un día para otro tanto a nivel sectorial, geográfico como por estilos”, subraya Karen Ward, estratega jefe de J.P.Morgan AM para EMEA.

Por ahora, la experta considera que el escenario core es benigno, pero también que los riesgos de cola han aumentado. Y, con la fuerte subida experimentada esta semana por las compañías que estaban viendo su negocio más afectado por los estragos provocados por la pandemia, los mercados podrían estar lanzando las primeras señales de que la narrativa podría empezar a cambiar. Puede que, tal y como cree Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, “la reacción a la noticia de la vacuna haya sido algo extrema”, pero simplemente la posibilidad de que estemos ante el comienzo de un nuevo relato, que poco a poco se vaya imponiendo, obliga a los inversores a pararse a pensar. “A corto plazo contar con una cartera equilibrada es vital. Cuidado con los desequilibrios”, advierte Ward.