El verano deja un mensaje aparentemente contradictorio para los inversores. Por un lado, el apetito por el riesgo no ha desaparecido y las expectativas sobre la renta variable siguen siendo positivas. Por otro, las encuestas publicadas en los últimos dos meses muestran que la confianza ya no es sinónimo de complacencia. La concentración de los índices, las valoraciones de determinados segmentos del mercado, la incertidumbre geopolítica y la posibilidad de que las expectativas sobre la inteligencia artificial sean demasiado exigentes están llevando a los inversores a mirar más allá de las rentabilidades inmediatas.
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