Las tres cosas que podrían obligar a los bancos centrales a cambiar su política de tipos bajos

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El cambio en cuanto a la definición de los objetivos de inflación que anunció la Fed de Jerome Powell en el encuentro veraniego de Jackson Hole supuso la confirmación de que los tipos de interés se mantendrán bajos durante mucho más tiempo del previsto hasta ahora. De hecho, en la última reunión de la Reserva federal se dejó entrever que no habrá subidas de tipos hasta 2024.

Y esa hoja de ruta del organismo estadounidenses se repetirá también en el resto de bancos centrales. El objetivo, que la política monetaria siga siendo uno de los pilares en los que se sustente la recuperación de la economía post COVID-19. Sin embargo, existen factores de riesgo que podrían implicar una modificación de esa política de tipos bajos que defienden los bancos centrales, tal y como explica Edward Al-Hussainy, analista sénior de Tipos de Interés y Divisas de Columbia Threadneedle en un reciente artículo publicado por la gestora.

El primer factor de riesgo es un repunte de la productividad. “En aproximadamente los últimos 15 años, el crecimiento de la productividad en todo el mundo se ha ralentizado, alcanzando los niveles más bajos de los últimos 50 años y eliminando uno de los principales impulsores de la creación de riqueza mundial. Las causas precisas no están claras y han sido ampliamente debatidas. Lo que está claro es que esta ralentización de la productividad ha contribuido a la reducción de los tipos de interés a nivel mundial. Aunque parezca improbable, no podemos descartar un renacimiento de la productividad en los próximos 5 a 10 años (una evolución que requeriría una importante inversión de los sectores público y privado). De este modo se estimularía un crecimiento saludable de los salarios y, con ello, el aumento de los tipos de interés”, afirma, aunque da una probabilidad reducida a esta posibilidad.

La segunda es que el aumento del gasto gubernamental debido a la crisis del COVID-19 perdure más allá del corto plazo. “No podemos descartar que algunos elementos de la política fiscal se conviertan en permanentes en Europa, China o Estados Unidos (en particular con unas elecciones estadounidenses a la vista). El aumento del gasto, si se orienta correctamente, podría potenciar el crecimiento e invertir cualquier movimiento hacia los tipos de interés negativos”.

Y el tercer gran factor de riesgo es para este experto, la inflación, sobre todo si ese repunte no va acompañado de una crecimiento económico. “No obstante, como es probable que salgamos de la pandemia de COVID-19 con una deuda significativamente mayor, un aumento del desempleo y una reducción del crecimiento, un repunte de la inflación parece un riesgo relativamente bajo a corto y medio plazo”. Sin embargo, en las últimas semanas se han ido conociendo datos de inflación que, si bien siguen siendo bajos, sí muestran una tendencia al alza, la suficiente como para que las gestoras empiecen a tenerla en cuenta a la hora de componer sus carteras