Ni la desaceleración económica real que se está viendo a nivel global, ni la amenaza de recesión que planea sobre el horizonte, ni el giro que han llevado a cabo los dos bancos centrales hacia una política más laxa ante la sensación de que la economía necesita otro empujón, ni las tensiones geopolíticas han ahuyentado al inversor de los mercados de valores en esta primera parte del año. De hecho, todo lo contrario y no porque los inversores no sean conscientes de los peligros que acechan a la economía sino porque necesitaban quitarse de encima el mal sabor de boca que les dejó 2018, con más del 80% de los activos en negativo.
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