El Gráfico de la semana: La brecha entre Europa y EE.UU.

Miquel Cantenys
Foto cedida (Ginvest AM)

El gráfico de esta semana lo comenta Miquel Cantenys, Portfolio Manager en Ginvest AM.

Las empresas europeas tienen una mayor proporción de activos tangibles

Fuente: Apollo.

Cuando Warren Buffett adquirió See's Candies en 1972, pagó varias veces su valor contable por una empresa cuyo activo principal no figuraba en el balance: su marca. Esta apuesta por lo intangible le generó retornos superiores al 20% anual durante décadas. Mientras tanto, en Europa, gigantes industriales con impresionantes plantas de producción valoradas al céntimo en sus libros han luchado por ofrecer rentabilidades de un dígito. Esta anécdota encapsula la gran divergencia estructural entre mercados que muchos inversores pasan por alto: la composición radicalmente distinta de los activos corporativos a ambos lados del Atlántico.

Las empresas europeas dedican proporcionalmente más recursos a activos tangibles (propiedades, maquinaria, equipamiento…), mientras que las estadounidenses concentran sus inversiones en intangibles como software y propiedad intelectual. Esta diferencia no es meramente contable; es el ADN que determina el perfil de riesgo-rentabilidad, las valoraciones de mercado y, en última instancia, el comportamiento de nuestras carteras globales.

En el gráfico, Apollo lo ilustra con claridad. Las empresas europeas destinan, de media, más del 60% de sus activos totales a activos tangibles, frente a menos del 50% en el caso de las compañías estadounidenses.

Europa, la importancia de lo físico

El modelo europeo se caracteriza por una elevada ratio de activos tangibles, reflejo de su estructura industrial: fabricantes de automóviles, generadoras de energía, empresas de infraestructuras, etc. Esta configuración otorga ventajas defensivas claras. Los activos tangibles funcionan como colateral natural, facilitando el acceso a financiación y proporcionando un valor mínimo tangible. Para el inversor, esto se traduce en mayor estabilidad y menor volatilidad.

Sin embargo, esta solidez tiene un precio. Las empresas soportan costes fijos elevados (depreciación, mantenimiento, intereses de la deuda…) que persisten independientemente del volumen de ventas, amplificando la volatilidad de los beneficios ante cambios cíclicos. Además, ofrecen menor potencial de crecimiento exponencial, ya que las fábricas no escalan como el software. Esta realidad se refleja en valoraciones sistemáticamente inferiores, con ratios P/B que señalan expectativas de crecimiento más modestas.

EE.UU., el imperio de lo invisible

Al otro lado del Atlántico domina una economía construida sobre lo intangible. Las empresas tecnológicas, farmacéuticas y de servicios profesionales concentran sus inversiones en I+D, software, marcas y propiedad intelectual. Estos activos carecen de forma física pero generan ventajas competitivas más poderosas: escalabilidad con costes marginales mínimos y potencial de crecimiento exponencial.

Esta estructura introduce complejidades. Contablemente, muchos intangibles se registran como gasto inmediato, aumentando la volatilidad de los beneficios reportados en el corto plazo. Su valoración es intrínsecamente subjetiva, creando asimetrías de información. ¿El resultado? Ratios P/B elevados que reflejan expectativas futuras más que realidades de balance, y una brecha creciente entre valor contable y capitalización.

Implicaciones para la construcción de carteras globales

Esta divergencia estructural exige decisiones conscientes en la asignación de activos.

Para inversores más conservadores, las acciones europeas ofrecen estabilidad respaldada por activos físicos, valoraciones más contenidas y, frecuentemente, políticas de dividendos más generosas. Son, en general, más apropiadas para la preservación de capital con volatilidad moderada, aunque aceptando expectativas de crecimiento más limitadas.

Para inversores orientados al crecimiento, el mercado estadounidense proporciona exposición a los motores de innovación global, con potencial de rentabilidades superiores impulsadas por escalabilidad y efectos de red. El trade-off es evidente: mayor volatilidad, valoraciones exigentes y dependencia de ejecución futura más que de certezas presentes.

Para carteras equilibradas, la combinación deliberada de empresas de ambos lados genera diversificación no solo geográfica sino estructural. Europa aporta menor volatilidad en caídas bruscas y flujos de caja predecibles; EE.UU. genera alfa en fases expansivas y captura de tendencias transformadoras.

Conclusiones

La composición de activos define destinos. La diferencia entre activos tangibles e intangibles no es un detalle técnico sino el factor explicativo fundamental de los diferenciales históricos de rentabilidad entre Europa y EE.UU.

No existe un modelo superior universal. Ambas estructuras responden a ventajas comparativas y ofrecen perfiles de rentabilidad-riesgo apropiados para distintos objetivos de inversión.

La valoración refleja esta realidad. Los P/B inferiores europeos y superiores estadounidenses no son anomalías sino consecuencias lógicas de modelos empresariales diferentes con expectativas de crecimiento divergentes.

La diversificación geográfica es diversificación estructural. Combinar acciones europeas y estadounidenses significa equilibrar estabilidad física con dinamismo intelectual, certeza contable con potencial transformador.

La selección de fondos debe considerar esta dimensión. Al evaluar gestores globales, entender su sesgo implícito hacia tangibles o intangibles ayuda a anticipar el comportamiento en distintos entornos de mercado y a construir carteras más robustas.

En definitiva, comprender que Europa construye fábricas mientras EE.UU. invierte en I+D nos permite tomar decisiones de asignación más informadas, alineando la naturaleza de los activos con nuestros objetivos de rentabilidad y riesgo.

Sobre el autor

Miquel Cantenys es Portfolio Manager en Ginvest AM, sociedad gestora con sede en Girona con más de 500 millones de euros en activos bajo gestión. Posee un doble grado en Economía y Administración de Empresas y la certificación CFA. Además, es profesor de Gestión de Carteras en la Barcelona Finance School.