El repunte de las TIR a largo plazo de este verano invita a compararlo con 2022, aunque el punto de partida era entonces muy distinto. No veníamos solo de la pandemia, sino también del final de más de una década de represión financiera y tipos de interés cero. Además, la inflación se disparaba desde esos mínimos artificiales. Hoy, con el bono estadounidense a 30 años en máximos desde 2007, la tentación es leer el mismo guion. Sin embargo, venimos de un escenario previo totalmente diferente y los datos dicen otra cosa.
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