Energías renovables: por qué los inversores privados deberían incluirlas en cartera

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Firma: cedida (Schroders).

TRIBUNA de Leonardo Fernández, director general para Iberia, Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

El mundo ha dependido de los combustibles fósiles para satisfacer sus necesidades energéticas durante al menos los últimos 200 años. Pero esto está cambiando y las energías renovables baratas y fiables están llamadas a jugar un enorme cambio en las fuentes que utilizamos para proveer energía. Por lo que creemos que la transición energética representa una inmensa oportunidad para los inversores particulares.

Hasta hace poco la descarbonización ha sido el principal motor de la expansión de las energías renovables en todo el mundo. Pero la desglobalización y la necesidad de una mayor seguridad energética para los países que más energía consumen han aumentado la urgencia de desarrollar este tipo de energías en los últimos años. Además, las renovables han experimentado una espectacular mejora de su asequibilidad, lo que las convierte en fuentes altamente competitivas frente a los combustibles fósiles y, cada vez más, en la forma más rentable de generar energía.

Históricamente, los inversores particulares han tenido dificultades para participar en sectores de inversión nuevos, especialmente en aquellos casos en los que se requería invertir en infraestructuras a largo plazo. Sin embargo, los cambios en la regulación, así como la innovación en materia de fondos de inversión y la tecnología, han permitido que inversores particulares puedan ahora acceder a las mismas oportunidades que los gobiernos y los grandes inversores institucionales.

La demanda de los inversores también ha cambiado, y ahora los particulares buscan activamente invertir en mercados privados y en infraestructuras relacionadas con la transición energética. Los resultados de la última edición del Estudio Global de Inversión de Schroders, que entrevistó a 23.950 inversores de todo el mundo, reveló que el 46% de los inversores desea asignar entre un 10 y un 30% de sus carteras a los mercados privados. Casi la mitad (47%) identifica las infraestructuras y las energías renovables entre las dos principales clases de activos en las que les gustaría ganar exposición.

A continuación, analizamos cómo estas inversiones podrían encajar en la cartera de un inversor, abordando las consideraciones clave de riesgo, rentabilidad e impacto.

Rentabilidad

Nuestro equipo estima que una cartera de inversión en energías renovables típica que opere en el mundo desarrollado en una estructura buy and hold podría ofrecer una rentabilidad anual del 8,5-10%. Esto está en consonancia con la rentabilidad esperada para la renta variable cotizada, que esperamos que ofrezca una rentabilidad bruta anual del 6-9% durante los próximos 30 años, dependiendo de la capitalización de mercado y el ámbito geográfico.

Además, cuando consideramos las tecnologías adyacentes necesarias para descarbonizar una economía, vemos que existe la posibilidad de ofrecer todavía mayores rentabilidades a los inversores. Hablamos del hidrógeno verde para la industria pesada, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías de corta duración, la electrificación de la calefacción o la refrigeración, así como la electrificación del transporte.

Gestión del riesgo

Como todos los activos, la inversión en energías renovables expone a los inversores a riesgos que de otro modo no tendrían en su cartera y la rentabilidad es la compensación por asumir estos riesgos. Algunos de estos riesgos son:

  • La inflación: la rentabilidad de las energías renovables suele estar vinculada explícitamente a la inflación. Tener una exposición positiva a la inflación ayuda a mantener el poder adquisitivo real de una cartera.
  • El precio de la electricidad: a diferencia de los que sucede con las acciones cotizadas y los bonos corporativos, los activos productores de electricidad, como las energías renovables, se benefician de la subida de los precios de la energía. 
  • Recursos/clima: la radiación eólica y solar diversifican otros riesgos de la cartera de un inversor. Aunque predecir el clima de la próxima semana o de dentro de un mes es difícil, hacerlo a lo largo de la vida de un activo de 30 años es posible hoy en día. Nuestros datos muestran que la energía eólica presenta una desviación típica del 2% en un periodo de 10 años. La desviación típica de la energía solar es aún menor.
  • Tecnología: estos riesgos suponen otra fuente de prima de riesgo para los inversores. Por ejemplo, las consideraciones operativas de una planta de biomasa varían significativamente con respecto a un parque eólico o una planta de hidrógeno. El principal beneficio para los inversores es la diversificación en una cartera más amplia.
  • Geografía/política: la combinación del cambio climático, la preocupación por la seguridad energética a escala mundial y la asequibilidad de las energías renovables está llevando a que la política y la regulación apoyen una transición energética acelerada, lo que da lugar a una carrera de subvenciones verdes.

Estos factores de rentabilidad y primas de riesgo deberían aportar una sólida diversificación a las carteras de los inversores, especialmente cuando están muy expuestos a la renta variable.

Impacto

Aunque los argumentos económicos a favor de la inversión en la transición energética son innegables, también existen importantes beneficios en materia de sostenibilidad e impacto. Los inversores privados esperan cada vez más que sus inversiones contribuyan a poner sobre la mesa soluciones climáticas de largo plazo en lugar de limitarse a evitar daños. La energía renovable y las infraestructuras alineadas con la transición energética pueden medirse tangiblemente en electrones verdes producidos y hogares y/o vehículos eléctricos alimentados. Esto deja clara la contribución de estos activos hacia una economía de emisiones cero.

Conclusión

El año 2022 puso de manifiesto estos tres puntos para los inversores y los mercados públicos ofrecieron un refugio limitado frente a la volatilidad, ya que tanto la inflación como los precios de la energía se dispararon. Sin embargo, hoy en día disponemos de una gama más amplia de soluciones de inversión: desde los fondos de inversión cotizados en bolsa, pasando por los vehículos semilíquidos de los mercados privados hasta las tradicionales sociedades limitadas cerradas. En este contexto, las inversiones en activos privados están ofreciendo mejores resultados al tiempo que abordan los efectos del cambio climático en estructuras adecuadas para un conjunto más amplio de inversores.

En Schroders, por ejemplo, contamos con el Schroders Capital Semi-liquid Energy Transition, un fondo que invierte en infraestructuras relacionadas con la transición energética con un doble objetivo: proporcionar una rentabilidad superior al 10% anual (bruto de comisiones) en un plazo de cinco a siete años y apoyar la transición a las cero emisiones netas mediante la generación y el uso eficiente de energía verde y baja en carbono, evitando las emisiones de CO2. Es un fondo gestionado por Schroders Greencoat, gestora especializada en infraestructuras renovables que adquirimos en 2022, y que cuenta con una estructura semilíquida que permite suscripciones mensuales y reembolsos trimestrales netos del 5%. El fondo está clasificado como artículo 9 según SFDR.

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