El año pasado, sugerimos que la economía de la zona euro no seguía la traza de una deflación a la japonesa, siempre que se mantuviera el impulso económico y el BCE siguiera en sus trece. Pasados doce meses, el péndulo de las previsiones se ha desplazado a una posición contraria a nuestra tesis, tras una pobre rentabilidad económica y una inflación general que discurre en territorio negativo. No obstante, nosotros pensamos que este año ofrece motivos para un mayor optimismo, con una serie de consecuencias importantes para los mercados.
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