La jubilación de Bob Esponja

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Cedida

El mundo está loco, muy loco. No hay más que ver el telediario o pasearse un día por Preciados (realmente vale cualquier núcleo urbano) para que uno se dé cuenta de que muchas cosas no tienen sentido. Todas las plazas están llenas de Bob Esponja de franela y “Mickey Mouses todo a 100”, todos con globos en la mano intentado colocárselos a los niños y padres poco precavidos. Todo esto mientras un grupo de japoneses hacen fotos a una estatua humana que imita a la Torre de Pisa. No es un sueño, son mis vacaciones de Navidad. Son las siete de la mañana y no se me ocurre otra cosa que ponerme a leer la prensa. Dicen que tener un bebé de cuatro meses hace más fuerte, pero, tras tres hijos, puedo afirmar que esa frase es de un soltero sin hijos o de los protagonistas de Las Sombras de Grey, porque si no es así, “mí no comprender”. Abro mi iPad, que es lo único bueno que han traído las Navidades, y leo: “Hora de afrontar la bomba demográfica”.

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