Los mercados privados necesitan una revolución tecnológica y no hay tiempo que perder

Alejandro Salvino BlackRock
Alejandro Salvino, BlackRock. Cedida.

TRIBUNA de Alejandro Salvino, head of Aladdin Business Southern Europe, BLK. Comentario patrocinado por BlackRock.

A estas alturas, ya no cabe duda de que los mercados privados seguirán ganando protagonismo en las carteras de los inversores institucionales. No solo por su potencial para ofrecer mayores retornos, sino también por la diversificación que aportan en un entorno con un apetito creciente por activos ilíquidos.

Se estima que la industria global de inversiones alternativas superará los 30 billones de dólares en activos bajo gestión para 2030, según datos de Preqin. Pero para asignar y gestionar eficazmente estas inversiones dentro de una cartera más amplia, se necesita algo más que apetito por el riesgo: se necesita tecnología y datos que permitan estandarizar y agilizar procesos en un ecosistema que, en gran medida, aún opera con métodos manuales y datos inconsistentes.

La industria, en muchos sentidos, está empezando desde cero. Nos encontramos ante la oportunidad de diseñar una estructura de mercado codificada, que represente un punto de inflexión. Pero ese cambio será gradual, y dependerá de que la tecnología sea capaz de integrar inversiones de diferentes clases de activos y desarrollar herramientas que impulsen el progreso.

El corazón de esta visión es, sin duda, el dato. Hoy por hoy, la gestión de inversiones en mercados privados carece del nivel de estructura, transparencia y accesibilidad que caracteriza a los mercados públicos. Esta falta de orden frena la escalabilidad y, por ende, la capacidad de ofrecer mejores resultados a los clientes. Ya sean fondos de pensiones, fondos soberanos, aseguradoras o individuos de alto patrimonio a través de la banca privada, todos exigen lo mismo: acceso, transparencia y liquidez.

Y la realidad es que los procesos actuales no están preparados para el crecimiento que se avecina en las asignaciones en activos alternativos. La tecnología ya ha transformado el mundo de la inversión en el pasado. Ahora, los mercados privados se encuentran en un punto de inflexión similar. La meta es clara: construir un ecosistema integrado en el que los mercados privados puedan gestionarse con el mismo nivel de sofisticación y transparencia que los mercados cotizados.

Ese avance llegará a través de dos frentes: la evolución de productos y la analítica avanzada. Hablamos, por ejemplo, de modelos de asignación de activos basados en el riesgo, capaces de operar sobre toda la cartera en su conjunto y bajo distintos escenarios económicos. Hablamos también de investigación y conocimiento capaces de empoderar al inversor a lo largo del ciclo completo de inversión.

Pero para que todo eso funcione, primero hay que sentar las bases. Y eso empieza por la estandarización de los datos. La industria necesita construir un lenguaje común, un conjunto de prácticas estandarizadas que todos puedan adoptar. La digitalización y la estandarización van de la mano: ambas permiten dejar atrás los procesos artesanales para dar paso a operaciones más eficientes y escalables.

Eso sí, lograr esta sólida infraestructura no será posible sin colaboración. Inversores, proveedores tecnológicos y demás actores del ecosistema deben remar en la misma dirección. Y para ello, la interoperabilidad es fundamental. La estandarización de los datos y de las API (es decir, las interfaces que permiten que distintas aplicaciones se comuniquen entre sí) serán clave. Porque, de esta forma, permitirán que los sistemas se integren de forma fluida, se reduzca la intervención manual, se automaticen tareas y, en última instancia, se haga más eficiente y escalable la inversión en mercados privados.

Ahora bien, la eficiencia no es suficiente. También se necesita ampliar el acceso. El apetito por activos alternativos no deja de crecer, y eso exige soluciones innovadoras para facilitar la entrada a nuevos inversores y mejorar la liquidez. Esto implica diseñar estructuras de fondos más accesibles al inversor minorista y ofrecer opciones de liquidez intermedia.

A medida que nuevos perfiles de inversores se incorporan al segmento, las instituciones, desde bancas privadas hasta fondos de pensiones, necesitarán plataformas tecnológicas que no solo soporten estos nuevos productos, sino que también respondan a las necesidades específicas de cada público. Dado que un inversor institucional no necesita la misma información que un inversor minorista, tampoco es igual la labor de un gestor de grandes patrimonios que la de un distribuidor de productos alternativos. Ambos necesitan datos y formación.

Escalar en los mercados privados requerirá herramientas de gestión de datos, analítica y flujos de trabajo que se adapten a la diversidad de los inversores. ¿Fácil? No. ¿Rápido? Tampoco. Pero las tecnologías emergentes están llamadas a desempeñar un papel clave: más automatización, mejor extracción de datos, más conocimiento para tomar decisiones fundamentadas y menos riesgos. Plataformas como Aladdin, en combinación con soluciones como eFront y Preqin, ya están empezando a ofrecer valor real en la intersección entre mercados públicos y privados, demostrando cómo la innovación tecnológica puede reconfigurar la industria. Y esto es solo el comienzo.

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