La pérdida de Francia de la triple A ha reducido el selecto grupo de países que actualmente disfrutan de la máxima calificación crediticia. Según Amundi, el país debe hacer frente a enormes desafíos, pero estos problemas no son insuperables. “Francia no tiene que volver a inventar un modelo de crecimiento económico como España, hacer una recaudación de impuestos más eficiente como Grecia o salvar su sistema bancario como Irlanda. Sin embargo, es evidente que la deuda pública gala –al igual que la austriaca, la finlandesa o la holandesa- no se merece tener un diferencial tan bajo como el que actualmente disfruta con respecto al bund alemán”.
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