Desde el final de la crisis financiera mundial, los inversores han disfrutado de buenas rentabilidades en los mercados de renta variable. El periodo posterior a la crisis también ha estado marcado por altos niveles de correlación dentro de la renta variable, con valores de distintas compañías moviéndose de forma similar. Al mismo tiempo, la confianza de los inversores ha alternado entre la esperanza de que la recuperación progresase adecuadamente y el temor a una recaída inminente. Este comportamiento de predisposición/aversión al riesgo (risk-on/risk off) ha sido la nota dominante en el panorama de la inversión durante tanto tiempo que –hasta hace pocos meses– muchos han llegado a considerarlo un factor permanente.
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