Tras años en los que buena parte de la rentabilidad del sector inmobiliario vino impulsada por la compresión de yields, el mercado afronta un cambio de etapa. La subida de tipos, las presiones inflacionistas y un coste de capital más exigente han dado paso a un entorno más selectivo, en el que la capacidad de generar valor ya no depende tanto del viento de cola del mercado como de la gestión del activo. En este nuevo ciclo, el foco se desplaza hacia la estabilidad del cash flow, la calidad operativa y la diferenciación entre segmentos, ubicaciones y equipos gestores.
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