El nuevo ciclo no viene marcado por una recesión global ni por un giro brusco del crecimiento, sino por algo más difícil de cuantificar: la pérdida progresiva de confianza en los marcos institucionales que han sostenido a los mercados durante décadas. En un entorno cada vez más fragmentado, donde la política fiscal, la geopolítica y la independencia de los bancos centrales influyen directamente en precios de activos, los inversores se ven obligados a replantear tres pilares clave de sus carteras: la concentración en EE.UU., la exposición a duración larga y el papel de las divisas como ancla de estabilidad.
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