Dos tendencias han revolucionado la manera en la que se invierte: la inversión con criterios sostenibles y la gestión pasiva. Dos maneras distintas de entender cómo se compone una cartera. Y, ¿necesariamente contrarias? Es decir, ¿ser gestión pasiva necesariamente significa ser un inversor pasivo? Porque, al final, si uno está limitado a comprar todo lo que lleva un índice, tiene poco espacio de maniobra para la buena gobernanza o el activismo. Un reciente estudio de DWS pregunta a los inversores institucionales.
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